sábado, 1 de junio de 2013

Post de Rafo León sobre El Paititi

Rafo León

La Amazonía del sur oriental peruano es uno de los lugares donde se conjuga la última mitología del planeta con la más prosaica destrucción de la naturaleza. Entre los ríos Alto Madre de Dios, Manu, Tono y Piñi Piñi, se sigue pensando que, cubierta por una selva que es quizás lo más irracional que existe en el planeta, está la ciudad de oro del último inca, Manco Inca, el Paititi, El Dorado. 

Muchas expediciones conocidas han intentado entrar a esos territorios, por una suerte de punku, o ingreso, dado por los petroglifos de Pucharo, una pared de treinta metros de longitud atiborrada de incisiones con figuras que hasta hoy nadie ha podido descifrar. Ninguna de esas expediciones ha tenido éxito: o tuvieron que regresar, absolutamente maltratadas por un bosque que no perdona, o simplemente desaparecieron.
La mitología habla de indígenas de dos metros de alto, que guardan con ferocidad una ciudad completa de piedra, en la que descansan los tesoros que el inca consiguió librar de la angurria española, todo esto rodeado de habitaciones repletas de oro en polvo, que los nativos gigantes seguirían extrayendo de los ríos que rodean sus territorios.


Uno de los hombres que más conoce la zona, y que se sospecha ha podido ingresar más allá que cualquier otro occidental es el ya muy anciano sacerdote argentino, Juan Carlos Polentini, salesiano, quien fuera párroco de Lares desde 1969 hasta su retiro por edad, dado hace cosa de ocho años. Actualmente vive en el Asilo de las Hermanitas Desamparadas, en Breña.


Polentini ha realizado durante décadas una acuciosa investigación sobre el Paititi, que publicó hace unos años con el título de Paititi, Padre Otorongo, en la que sustenta su hipótesis sobre la supuesta ciudad sagrada de los incas, que acá es imposible de reseñar por falta de espacio. El año pasado yo andaba esperando mi vuelo de regreso a Lima en el aeropuerto de Cusco, cuando en la librería Zeta encuentro una edición del libro de Polentini, pero aumentada con un capítulo absolutamente alarmante. Sostiene el autor en esta adenda que durante el gobierno de Fujimori, de pronto comenzó un intenso flujo de helicópteros de la FAP, que se dirigían desde el oeste hacia las montañas cerradas de Pantiacolla, de ida y de regreso. Esto sorprendió a todo el mundo, a las poblaciones más próximas al Calca tanto como a las que se encuentran en la bajada de Qosñipata, desde Paucartambo hasta los puertos de Atalaya y Shintuya; para no mencionar a los indígenas, pertenecientes a las etnias maztiguenga, harakmbut y yine, que conforman la veintena o más de comunidades nativas del Alto Madre de Dios, entre la Reserva Comunal Amarakaire y el Parque Nacional del Manu.


Polentini, hombre muy bien contactado, empezó a investigar este fenómeno que rompía toda lógica, ¿adónde iban tantos helicópteros, de dónde volvían, para qué se internaban en esas imposibles zonas de la Amazonía? Hasta que de pronto el flujo de helicópteros cesó, coincidiendo con que una de las naves se había accidentado y el piloto quedó herido. Polentini sostiene que este piloto habló y lo contó todo. Fujimori, harto de de pequeñas expediciones de aventureros que hubieran pretendido llegar hasta los tesoros de Manco Inca, condenadas de antemano al fracaso, decidió hacer las cosas como él las sabía hacer. Compró a nombre de Keiko un gran terreno en el valle de Pisco, próximo a la Vía de Los Libertadores y allí construyó un helipuerto y aparcó varios helicópteros. Luego juntó tropa dispuesta a matar y a morir, la fue embarcando en esas naves y la metió a masacrar indígenas a la zona donde hipotéticamente habitaban los gigantes y, sobre todo, se erguía la urbe de piedra y oro que se había salvado de los europeos en el siglo XVI.


Prosigue Polentini, fue así que se inició ese continuo ir y venir de vuelos, en los que se llevaba soldados y se traían cantidades incalculables de oro, trabajado, en polvo, en bruto. Para saquear el Paititi de esa manera, concluye el sacerdote, hubo de haberse dado una masacre brutal contra los indígenas de Palotoa y Pantiacolla, un genocidio cuyo fin no habría sido otro que levantarse todo el oro que tan mítico no había resultado siendo. El añadido con la denuncia de Polentini viene acompañado de una serie de fotografías tomadas antes y después del supuesto saqueo. En las de "antes", se aprecian diversas señales en piedra, que habrían sido indicadores de las trochas a seguir para ingresar al Paitititi. Las fotos post, muestran cómo esos indicios han sido malamente borrados o destrozados a pedradas. Para el salesiano, esa es una prueba irrefutable de que una gran masa de gente preparada para combatir a los fieros custodios de la ciudad, entró con los peores modales, destruyendo la ancestral señalética que habría sido usada por los dueños originales de aquellas tierras.


Acabo de estar en lugares cercanos a Pantiacolla y he navegado por algunos de los ríos mencionados. Es el área en la que regularmente y cada vez con mayor frecuencia, aparecen en las orillas los llamados "calatos", los indígenas no contactados pertenecientes a ls etnias mashco piro y matziguenga. Y cuando estaba sentado en una lancha a motor, envuelto en lo que fuera porque había un friaje polar, pensaba en que Polentini no tendría ninguna razón para haberse inventado la historia del saqueo por parte de Fujimori. Un hombre que dedicó su vida a la labor pastoral en la ceja de selva, y a la investigación científica, no puede virar al delirio porque sí, en las postrimerías de su vida. Yo sí creo que la versión de Polentini es cierta; lo que me llama la atención es que habiendo sido publicada, y con la gravedad de su contenido, nadie haya iniciado una investigación. En cambio la suegra de Toledo, pobre vieja...
Ver en Caretas:

El Oro del Cusco

Juan Carlos Polentini, ex párroco de Lares (Cusco), acusa a Alberto Fujimori del robo del oro del Paititi.
Ver galería
Juan Carlos Polentini ha sido
agredido e insultado desde que
publicó su libro sobre El Paititi.
         
La imaginación colonizadora edificó construcciones y desenterró   maravillas como las siete ciudades de Cíbola, El Dorado, el país de las amazonas y la Fuente de Juvencia. Sin embargo, hay quienes aseguran que no todas fueron alucinaciones propias de la afiebrada búsqueda del oro. 
Juan Carlos Polentini Wester, argentino y ex párroco de Lares, Cusco, es uno de esos hombres. 
Él no solo afirma que el Paititi sí existió en Cusco. También asegura que el presidente sentenciado por secuestro, robo y crímenes contra los derechos humanos, Alberto Fujimori, robó el oro de la mítica ciudadela. 

      Polentini publicó la historia en su libro El Pai titi. Padre Otorongo (Editorial Salesiana, Lima, 1999), tras mucho darle vueltas al caso. “He juzgado que la verdad debe estar por encima de mis meditaciones, pensares y dudas”, cuenta en un extracto del libro que ya se difunde por internet.    

Ver el artículo completo


 
Ver en Report Perú:

El Padre Otorongo. El Paititi y el Presidente Fujimori

http://reportperu.wordpress.com/2011/05/17/el-padre-otorongo-el-paititi-y-el-presidente/

 Publicado el 17 de mayo del 2011 

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